Marcharon por las calles de la capital de Perú con carteles que decían “No soy terruco” y ondeaban banderas con los colores del arcoíris que están asociados con las comunidades indígenas de los Andes. Muchos corean “asesina” cuando se refieren a la líder del país y cantan himnos sobre no tener más miedo. El jueves, seguían llegando más, y muchos prometieron quedarse para una larga lucha.
La semana pasada, miles de peruanos de las zonas rurales llegaron a Lima para unirse a las protestas locales que pedían la renuncia de la presidenta Dina Boluarte, tras la destitución en diciembre del exmandatario del país después de que intentó disolver el Congreso y gobernar por decreto.
El Times Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos. Get it sent to your inbox. Las crecientes manifestaciones en la capital continúan luego de siete semanas de protestas nacionales que muestran pocas señales de disminuir. Perú se encuentra en un callejón sin salida mientras el gobierno se enfoca en retratar a los manifestantes como peones de narcotraficantes, mineros ilegales y grupos terroristas que intentan sembrar el caos, según Boluarte.

